Hoy los ángeles están enojados conmigo

Caen las lágrimas del cielo, hoy los ángeles están enojados conmigo. Hoy no les di mi sonrisa que todos los días me piden, hoy no quería darles la felicidad. Uno de ellos bajó a mi ventana y me pregunto porque tenía que ser un día de lágrimas y no de sonrisas repartidas al placer de mi ser, le contesté. Pero mis palabras le dejaron más callado y triste y comprendió que no siempre la luz raya en el corazón de un ermitaño, y que a veces la añoranza y la morriña es importante en las almas que la conciben. El ángel se subió a los cielos y empezó a tronar, a descargar granizo y rayos, a caer todo encima de mi, entonces surgió el milagro porque cuando peor estaba el día, sonreí.

Cuando el amor se muere

Cuando el amor se muere, muchos piensan que es el final y que no queda nada tras ese dolor que nos agoniza el alma. A veces ese amor no muere cuando se ama de verdad y se considera a ese ser su alma gemela pero aun siendo así a veces el amor dentro de su compatibilidad necesita descansar del atosigamiento y de la presión de un férreo marcaje, no confundamos eso con el libertinaje sino con la creación de nuevas metas y de un futuro compatible con los dos sin ahogarse mutuamente. El amor es el progreso de dos partes que quieren que perdure su unión por mucho tiempo sin la notoriedad que significa el que todo el mundo se tenga que dar por enterado de dichos logros y sentimientos. Que nos puede quedar en un caso de amor verdadero no bien empleado y negado a la pena, pues nos queda la indiferencia si se quema o si se atosiga a una de las partes con millones de cartas o llamadas amenazantes del que será su vida si uno de los dos no está, no hay cosa peor que obligar al amor a no ser amor y viceversa, por eso la paciencia y el tiempo es un gran medidor de la verdad humana y de lo que se quiere realmente con sinceridad.

DESEÁNDOTE

Tu sonrisa te delata cuando te cruzas con mi mirada, cuando otorgas en el silencio de tus palabras el deseo más ferviente de tu corazón, de tus pechos desnudos, del calor de tus muslos contra mi cuerpo. Entre tu abrazo cálido, de labios húmedos, de palpitar fuerte, de orgasmo en orgasmo de la mente dispuesta en tu sexo, en la caricia de tu melocotón más sabroso, más dulce. Provocando sensaciones que tu sonrisa me enseña, me registra a fondo para que entienda que me posees, que te poseo, que hacemos el amor entre cristalinas marismas del conocimiento, del placer más salvaje como gotas de agua sobre tu pelo, tan húmedo, húmedo como todo lo tuyo, como excitado lo mío, juntos, demasiado e inseparables, hasta agotar nuestras energías entre gemidos.