Sentimientos de una juventud (dedicado a Ana)

Nada podía detener el gélido frío del invierno, las flores que semanas atrás personificaban los campos ahora estaban palideciendo y sufriendo un envejecimiento cruel. Los cauces de los ríos que bajaban de las montañas sueñan con esa fina escarcha que los cubra y les de descanso, todo esto bañando un pequeño poblado a las orillas de un precioso lago.
El pueblo se llamaba “Brisa” y en conjunto no eran mas de trescientos habitantes dedicados en su mayoría a el arte de la pesca y de la agricultura dependiendo la época del año y las crecidas del lago llamado “Serenidad”.
Pero la verdadera historia no está en torno a las gentes de ese pueblo sino en una sola familia, de campesinos pobres, demasiado pobres para aguantar el duro invierno. Donde el pan de maíz entraba una vez a la semana y siempre escaseaba la leche de las cabras con la que hacer el trueque por otros alimentos, muy duro para los cinco miembros de la familia, unos padres de tres jovencitas por las que tenían que trabajar de sol a sol, ellas eran Lucia, Ana María y Verónica.
Sus vidas eran agobiantes pero el sacrificio de la familia nunca llego al extremo de pedir limosna. Ana María era la más joven de todas ellas y también la mas débil pues nada mas nacer la desnutrición estuvo a punto de llevársela por delante. Su madre nunca tuvo especial esperanza en ella y por su vida pero con los años fue creciendo y aunque delicada su sencillez la hacia única.
Ana María era muy solitaria y no le gustaba compartir los juegos con sus hermanas, le encantaba perderse por la naturaleza y encontrarse a si misma en ella, a veces una simple mariposa ya robaba su interés durante horas. Le encantaba pasear a las orillas del lago y tumbarse en el campo como solía hacer tantas tardes y noches después de sus tareas en la casa.
No llegaba el alba ni tampoco deseaba lo contrario, estaba tan bien observando el cielo que Ana María inundada por completo por un mar de estrellas se relajaba soñando en tiernas secuencias de su vida, instantes pasados, pensando en el presente e imaginándose con una sonrisa un futuro que si por ella fuese lo pasaría tan cual estaba en esos momentos, acostada en el campo cerca de la orilla del lago Serenidad.
A veces las lagrimas rodaban por sus preciosos ojos, tan dulces y se decía ella misma que cuantos pensamientos profundos tenia que tener a la espera de lo eterno, cuanto agobio tendría que sufrir en instantes tan puros, tanto como la escarcha que llegaba. Se decía porque tanto derroche de almas, que mundo sin corazones ni piedades compasivas, ponerse a soñar en mil batallas libradas suspirando entre sabanas y es que Ana María era de una ternura sin limites, tan guapa como una gota de agua con el único defecto de amar sin limites a la naturaleza pero aún más increíble cuanta ternura pueden desprender sus labios, cuantos momentos dulces puede ofrecer sin partir el corazón y sin seducir solo para hacer sufrir.
Ana María era una joven que odiaba a los mentirosos, ya que creía que no hay nada mejor en este mundo que la sinceridad, se sentía tan incomoda cuando tenia que mentir que solo por necesidad se veía obligado a ello, por debilidad.
Muchas veces Ana María discutía con sus hermanas porque ellas le decían que este mundo no había cabida para las románticas, sin embargo ella les decía que se equivocaban y que tenia la certeza de que había muchos que sufrían, lloraban, reían y se enfurecían por sus principios, por su comprensión humana, por su vulnerabilidad a las burlas de los demás. Sus hermanas la llamaban loca cuando ella se explicaba de este modo aunque en el fondo la comprendían en silencio.
Para Ana María el romanticismo era una cosa muy importante ya que prefería un cielo salpicado de estrellas con su luna llena y pensar sus deseos a la caída de una estrella fugaz, a un cielo encapotado, negro y sin horizonte. Siempre quiso hacer comprender que en realidad la amistad valía mucho para ella, tanto como pasar buenos ratos, intercambiar información, para aprender y enseñar, para que las cosas fueran mas claras y bonitas, para que así saliese una amistad pura y real, porque para Ana María todo era una cadena, primero el roce, luego la atracción, después la amistad, y por último notas un cosquilleo por el cuerpo, un vuelco en el corazón y la sonrisa sale sola de los labios, sin forzarla, era momento del amor, al menos Ana María lo sentía así.
Llegaron con los días las lluvias y eran constantes convirtiéndose todo en tristeza, pero Ana María nunca dejaba de ir al lago a soñar y soñar. Aquella noche se quedo dormida en el campo sin más abrigo que lo puesto, al despertarse extrañamente el sol brillaba azul, el canto de los pájaros se fundía con la brisa fresca. Las aguas del lago dormían en su mecida calma, en un sueño infinito de mármol, cobre y carbón como juego de mil naipes. Mañana cálida, luminosa de sabor dulce. Parecían verse, flotando entre la transparencia del cielo ruinas de castillos acristalados, eternos.
Y allí, junto el lago, creándose a si mismo desde una roca en armonía con el paisaje silencioso, él.
Y para Ana María su presencia le parecía como las lagrimas de las estrellas ocultas bajo la mirada de la diosa luna que se deslizan dibujando su perfil, en su esfera de pleno día. Como el rocío descomponiéndose en gamas de colores rodeado por ese sol de la mañana. Ana María sorprendida no pudo mas que observar atónita como se movía con media sonrisa tan pálido.
No dejaba de repetirse a si misma que lo que había visto era un ángel pero se negaba ante lo real, enamorándose de él de tal manera que no entendió esa sensación tan extraña, en su cuerpo estremecido y sus deseos de volver a verlo.
Cuando llego a su casa le comento a sus hermanas el día tan hermoso que hacia pero pronto fue recriminada porque estaba empapada y no había parado de llover en todo el día, Ana María confusa se fue a su habitación empezaba a pensar que su juicio se estaba perdiendo. Pero en el fondo de su corazón sentía que todo lo que había vivido era real, que no era una fantasía, que era imposible soñar algo tan hermoso que la llenaba con esa sensación de amor inimaginable de otro modo.
Tan pronto pudo volvió al lago y no paro de pasear esperando verlo, se había llenado de valor para hablarle pero todo fue en vano desesperándose, temiendo a su propia mente, le invadía la agonía y se juro que volvería al día siguiente, los que hiciesen falta hasta volver a verlo.
Los días iban pasando y siempre antes de despuntar el alba Ana María salia de casa camino del lago, y poco le importaba la lluvia y el viento, nada la detenía, tenia que volver al sitio donde lo vio por primera vez, nadie lo impediría. Empapada dejándose caer sobre un árbol muerta de frío se negaba a volver, tosiendo con la tez blanca pero llegando al final de sus esperanzas de verlo, quería morirse allí mismo. Lloraba.
Una voz sonó detrás de ella.
  • Jamás me atreví a decirte que observaba, que te deseo desde que he seguido tus paseos.
Ana María: ¿quién eres, dónde estás?
  • Estoy a tu lado dándote calor y cobijo.
Ana María: ¿como te llamas?
  • Me llamo Gaia Ana María
Ana María: Sabes mi nombre.
  • Lo se desde hace tanto tiempo que me pierdo en los días, en las semanas y años.
Ana María: Ayer cuando te fuiste, cuando te perdí como un sueño, hubiese preferido morir si no te volvía a ver, empezaba a creer en mi locura.
  • Cada vez que te ibas y dejabas el lago sentía que me partía en mil pedazos, me agrada tenerte en mis brazos, en todo mi ser extendido por donde te recreas con tus pensamientos.
Ana María se sonrojo y dejo que Gaia hablase…
  • Jamás me atreví a decirte que te amaba en toda mi extensión, de pedirte que te quedaras conmigo para siempre, de tenerte siempre cerca de mi y que hicieses firme tu compromiso conmigo, con toda mi naturaleza, con tu respeto hacia mi, pero nunca tuve el valor de enseñarme hasta ahora, de decirte que llevo milenios solo luchando contra tus semejantes y si quieres, si deseas, te ofrezco la unión conmigo, eternamente.
Ana María empezó a llorar, su mano empezó a acariciar lo que iba a ser su primer día juntos y su ultimo día de soledad, ahora tenia el valor suficiente para dejar toda su vida atrás y gritar a los elementos que le amaba, amaba a Gaia, amaba lo que representaba, fundiéndose en un beso apasionado, quedándose para siempre como una esencia de la madre Tierra.

 

Tú me has visto

Te he visto sonreír en un cielo lleno de estrellas mientras nuestras manos se fundían agradecidas por la compañía mutua.

 

Te he visto llorar en medio del océano conmigo nadando juntos hacia la libertad de nuestros corazones.

 

Te he visto saltar de alegría mientras compartíamos sueños sin medir las distancias.

 

Te he visto en un futuro pasado y siempre eres mi presente.

 

¿Y tú?, ¿tú me has visto?

Tormenta de arena

A las ocho de la mañana solía entrarnos una tormenta de arena, tal como llegaba se iba, tan rápidamente que era a veces un visto y no visto, como ciertas relaciones, como algunas amistades, como muchos trabajos. Pero era un momento mágico por lo turbador del fenómeno, por toda esa masa de arena a merced de un viento alocado que parecía una banda de mariachis de fiesta, colgados al final de tanto tequila, la tormenta era igual, una metáfora de muchas cosas de hoy, dejando ver todo su exterior pero ocultando el núcleo donde pasan todas las cosas, todo lo que no vemos, lo que no nos quiere decir. Y es que el doble margen asfixia pero no ahoga como millones de partículas rodeándote que no te dejan ver pero sabes que esta ahí, lo presientes, y no te vas, dejas que pase, conservas la esperanza de que cada grano haga un castillo, de que la tormenta de cada día en vez de tapar u ocultar deje después el paso a esa luz, a esos rayos del sol, que serían las acciones que no cuentan, los secretos. Uno a uno, granito a granito hasta la tormenta, hasta kilómetros de ancho, hasta el cielo de alto, hasta el alma, lo que hace daño. Y me permite el tiempo escudar lo que tendrá una mañana mas un montón de secuencias en negativo, desaliñados por el viento de arena, haciéndose el tonto para dejarse golpear por toda esa energía que nunca te dirá la verdad de porque se junta con otros granos de arena para fundirse en una tormenta, dejando millas y millas de palabras huecas.

Te caíste del árbol tu sola

Te caíste del árbol tu sola, dejaste rodar tus lagrimas como la resina del tronco herido, porque así te ha gustado sentirte en todo momento, como una loba herida intentado dar sus últimos mordiscos y aparentar con todo ello tu normalidad. Pero lo sabes bien que no has sido sincera ni contigo misma ni con tu propio corazón, esa cobardía de no decir la verdad te obliga a alejarte de la cima de esa montaña que tanto te ha costado subir, de la que te gustaría tirarte para que en algún lugar y en algún momento tu paracaídas se acerque al mio, bajando juntos al valle de la fantasía y regalarnos ese momento que tanto deseas.
Pero tu misión secreta en las puertas de tu hogar, del que te espera sin saber que cuelgas las alas de ángel muchas veces, porque el fuego y la pasión del rojo alargado de tridente y mirada sincera te motiva más que el aburrimiento, que no entender que lo que te falta no lo tienes ahí, del grito desesperado de recogerte en la estación de un tren. De gritar una noche tras otra, de volverte loca. Y no lo quieres reconocer.

 

Miras el reloj, esta amaneciendo, pero una musiquilla resuena en tu cabeza, no lo puedes evitar. Te levantas y me buscas, yo soy tu misión de hoy.

Me pides

Me pides en un papel que te describa lo que eres para mi, suspiro. Las cosas mas sinceras no se pueden reflejar en una hoja pues no es como una sonrisa que se pueda compartir, describir lo que significa el amor solo se puede hacer compartiendo las miradas, dedicando la mejor melodía de nuestros cuerpos en un abrazo real, en sentir como golpean nuestros corazones para acercarse y salirse de la piel.
Me pides que te recite versos como rayos de sol para que tapen mi oscuridad interior y que te espere a la salida de tus momentos más íntimos allá donde dejas volar la imaginación. Allá donde tus tesoros no se miden en riquezas sino en besos y en las caricias acumuladas con el tiempo, con esfuerzo, llenando el vaso de las esencias todos los días, cuidándolo en todo momento.
Me pides que te imagine sin mi a tu lado o en un mundo donde tu no estés en mi dando las circunstancias donde nada de lo que arrepentirse puede con los dos y esa fuerza natural que nos arrastra corriente al mar como gotas de agua que pertenecen a algo mucho mayor, imparable, a una unión que la distancia no ha podido silenciar.

 

Me pides ese amor que duele hasta morir, te doy todo aquello que más crees en ti.