Novia oscura

Quiero contarte todo el dolor que me dejaste dentro. Pero no quiero caer en la tentación de ser uno mas de esa larga lista de victimas que tienes colgadas en tus paredes como diplomas. Esos que alguna vez te amaron y que usaste para tu capricho y tu deseo como tampones desechables, como algo que para tu propio beneficio diste rienda suelta a ellos para comértelos enteros, para escupir sus huesos a una sima profunda, inerte.

Quiero que sepas que a pesar de tener una mente fría y que tus manos nunca fueron cálidas me gustaste, sentí que podía sembrar rosas negras en tu interior y caramelizarlas para darles un toque dulce aunque siempre has sido como una bilis fangosa, que siempre se ha preocupado de su “yo misma” y no de lo que podrían sentir por ti quienes te rodeaban. Pero te perdono, a pesar de ese dolor, de ese robar a manos llenas tus promesas incumplidas, de hacer que tu palabra no valiese nada, menos que nada, una mierda pinchada en un palo.

Y he aquí que tras revisar las muescas de tu cabecero vi que faltaba la mía, que no la habías incorporado a tus demás conquistas y eso me ha echo sentir mas dolor y de una manera mas profunda porque no se si la marca no dejada significa que me has llegado a querer o porque fui tan insignificante para tus ovarios como para gastar una de tus garras en resaltarme en tu cama. Y no soy de odiar, pero no te puedo ver, por respeto a todo lo que sentí por ti.

Estaba convencido de que era hoy

Ayer me acosté con la sensación de tener una paz inmensa dentro de mi. Muy pocas veces encontré mi mente en consonancia con mis pensamientos y me dije a mi mismo que seria un buen momento para morirme. Recostado abrazando a mi almohada iba notando como los parpados me pesaban y que la gratitud a todos estos años duros y desafiantes ya carecían de sentido alguno. Un calor me tenía atrapado desde mi corazón.

La sensación de despedida era tremendamente real y no tenía miedo, incluso pude deducir que me sentía feliz, sin tristeza, total ya nada queda aquí para mi salvo los recuerdos que se tatúan en mi con tanta fuerza que hay días que mejor sería no despertar, tanto daño, tanto dolor, tanto sufrimiento en la cueva de mi ilusión, donde poca luz trabaja las sonrisas, todo se convierte en un ataúd.

Todas esas fases que sentía antes de sumirme en un sueño extraño, donde aparecieron muchas de las cosas que marcaron mi vida, casi me hace creer que estaba camino de otra vida, dejando ver aquello que un día me hizo feliz pero abres los ojos y miras las luces del cielo brillando como tantas otras mañanas, notas el cansancio en los músculos, como el pecho se te oprime y no puedes respirar. Te reincorporas ves que todo sigue igual y vuelves a la monotonía de la soledad, ese castigo que no me deja morirme, no de momento, quizás quiera que pida perdón por existir.