Purgatorio

Acerque mi arma a la cabeza y pegue el cañón contra mi hueso frontal, por unos segundos tuve la duda de apretar o no el gatillo y no encontraba motivo alguno para no hacerlo, para quedarme un poco más en un mundo decadente y consumista. Borre de mis pensamientos la duda y dispare.

Abro los ojos y me encuentro en una sala, un cubo perfecto sentado en el centro del mismo, suspendido en el aire, consciente. Como me siento en un estado de gravedad no tuve intención de moverme de la silla, quizás porque el no saber de que se compone la sala paradójicamente después de pegarme un tiro tenga miedo de la composición de las paredes y de caerme a un vacío que quizás solo este en mi imaginación.

No se si fueron horas las que transcurrieron hasta que la primera de las voces abordaron el cubo, voz que mencionando mi nombre me preguntaba una y otra vez – ¿por qué? ¿por qué? – luego más voces se sumaron con diferentes preguntas que se iban solapando unas a otras y hacían un chascarrillo molesto, tortuoso, como un bucle interminable y tome una decisión. Tirarme de la silla.

Al saltar mi caída fue tan corta como ineficaz pues volvía a estar sentado como si no hubiese saltado y hasta le cogí el gusto pues lo intente de todas las maneras y me di cuenta de que cada vez que lo intentaba las voces se callaban por un instante, que raro, tenía hambre.

Ya se estoy en el purgatorio y si no contesto cada una de esas preguntas no me dejaran salir de esta celda y me puse a ello, una a una fui soltando lo primero que se me ocurría a cada una de las cuestiones expuestas y me dormí. No puedo asegurar el tiempo, algo que empezaba a ser irreal en ese “mundo” pero un pitido suave pero constante a ritmo me despertó, una maquina controlando mis funciones vitales, un dolor de cabeza tremendo, insoportable como el zumbido de miles de abejas en el interior, al fondo de la habitación pude ver la placa de mi cabeza y una bala alojada en la mitad de la misma, ¿en serio?.

Entro un enfermero a la habitación y me cubrió con una sabana, intente protestar con todas mis fuerzas para hacerle entender que estaba consciente, que observaba todo a mi alrededor y podía oírles. El enfermero apresurando el paso comento a un doctor que se sumo a la marcha – esta listo podemos sacarle los órganos, es un buen donante –

Entre en pánico, ¿donde está eso que dicen que ves una luz o que te ves fuera de tu cuerpo?, intente comunicarme moviendo el cuerpo, los ojos, intentando hablar pero todo resultaba imposible. Todo se quedo oscuro y perdí la consciencia.

Otra vez estoy sentado en medio del cubo suspendido y han vuelto las voces, las preguntas, voy a pasar de ellas quizás así me dejen por imposible y me manden de vuelta, en el mejor de los casos.

La muerte

Caminas hacia mi sin apartar tu mirada, siento un escalofrío, eres la muerte.

Me coges de la mano y empezamos a caminar por el sendero de toda una vida sin mediar palabra.

No hay luz al fondo, no hay oscuridad, es un documental con fragmentos de tu vida, algunos no los recordabas otros siempre los he querido olvidar, pero avanzamos.

Me pones tu mano en mi hombro y nos paramos, me indicas que avance solo, me asusta perderte de vista.

Las visiones de los recuerdos se van difuminando, primero el sonido, la nitidez ….

Me sostengo en un vacío.

Ya no veo mis pies, las piernas, mi cintura.

He dejado de escuchar mi corazón, no puedo gritar.

Adiós.