Dos minutitos al día no hacen daño

Tienes la sana costumbre de llamarme casi todos los días, hasta ahí todo correcto, hermoso, precioso, bonito, dulce, apasionante, grandioso, maravilloso, increíble, fascinante….. Pero amor de mi vida, cosita de mi corazón, alma de mi alma ¡ qué siempre me digas que tienes dos minutos y que luego cuelgas ! ¿en serio? ¡ de verdad !.
Y como se nota que me quieres y me quieres de verdad luego en vez de dos minutos aguantas hasta el cuarto o el quinto mientras disimuladamente te vas colando hacia tu cueva preparando la huida, escapando de la confrontación directa de mis palabras sobre tus palabras, de los piropos sobre tu sonrojo, de la sensualidad de los pensamientos, de la distancia que te salva.
Y luego te vas a dormir.
Pero es que la cruz donde sangran mis versos es cuando al despertar tienes en tu contestador una canción hermosa, un buenos días que alimentan más que un desayuno continental y tu, en tu gran suerte, solo me sabes decir que te cante por juglaria, que prefieres un tema nuevo que el otro aunque te encanta y te enamora despertar tan llena de miel a esas horas y sin el café y la ducha te gusta más la versión de camionera resacosa, con mosca cojonera sobrevolando y rascándote la barriga en busca de pelusillas. Paciencia.

Y como en el fondo se que tienes tu puntito y que luego a lo largo del día te da penita al menos a tu favor diré que seguramente si te pillo con viento a favor y la marea alta, me dedicaras esta noche otro dos minutitos, de esas llamadas precoces que tanto gusto dan.