Eres tu “rosa”

Se termina

la falsa inocencia

de tu sincera

enemistad.

Zarpazos

de tu aburrida alegría

de tus remordimientos

de tu amor.

Ignorando

las verdaderas intenciones

de escribirme

valorando revolverme.

Sin saber

en tu propia existencia

lo que quieres para ti

y saciar tu melancolía.

Dándote cuenta

de que sin mis recuerdos

ese océano que te cubre

son tus mejores excusas.

Lanzándote

a una búsqueda loca

donde el único sabor que te queda

era de cuando te hacia el amor. . .

Tus rocas

Me llevaste a las rocas de la playa de Portocelo para explorar mi cuerpo, para sentir en tus dedos el contacto de mi piel salpicada por la sal que el viento traía de las olas. Para ver el cielo en tus ojos y tu sonrisa en un juego que nos llevaba a compartir nuestra inocencia y juventud. Te gustaba mi lengua con la brisa marina, el perder el control compartiendo tus sentidos con el canto oscuro de las gaviotas, con el roce de la arena y el agua en constante melodía.
Y lo convertiste en costumbre, alejarnos del mundanal ruido del pueblo y sacarme del asfalto para enamorarme con tu naturaleza, con lo hermoso que era ver tu desnudo, la perfección de tu ser, lo mucho que teníamos en común, la complicidad de nuestras almas, se podía decir que nos llegamos a querer entre la pasión y los deseos.
Un día tus flores se marcharon, tu palpito no tocaba mi timbre, tu aliento no me colmaba el ansia y desapareciste. Estuve cada día volviendo a las rocas, preguntando por el pueblo y nadie sabia de ti, eras como el viento errante, nadie te conocía. Me diste un privilegio solamente a mi y a pesar de todo por una extraña razón no sentía pena, no estaba triste algo me decía que sonriese, que la vida es una manera sencilla de creernos que lo peor esta por venir y los regalos ya sean materializados en tu cuerpo o en aquello que el destino nos ofrezca es mejor en momentos cortos, en un espacio del tiempo breve.

A veces me quedo quieto, parado en medio de la nada, y recuerdo.