Las chocolatinas abandonadas

Dieciséis chocolatinas después

de tirarlas a la basura

tu corazón sintió la pena

que no tuviste en el arrebato.

Se quedaron huérfanas

entre las ratas devoradoras

que se pelearon sin piedad

por un trozo de cada una de ellas.

Las pobres que acostumbradas

al calor de tu casa

querían ser devoradas siempre

por tu hermosa y dulce boca.

Ahora pasto de los bichos

de los malos olores y de la calle

lloran perdidas tu ausencia

y el acomodo de tu estómago.

Maera, Street

Las cosas se están poniendo feas, la presión, el viento, el frío, todo se apodera de las calles. La llegada de la lluvia es inminente y la preocupación crece por momentos, a los humanos les gusta poco la lluvia, salvo a unos cuantos aventajados en el arte de los fluidos, se masca la tragedia.
Las primeras gotas no se hacen esperar, empieza a cundir el nerviosismo, los primeros apretones, las primeras carreras buscando refugio. La desesperación de no haber comprado antes un paraguas que no lleve al caos tu peinado made in polígono.
Trueno, rayo, trueno, rayo, gritos…. empieza a cundir el pánico, sálvese quién pueda, la lluvia es más fuerte por momentos, se oye entre la desesperación “cariño dónde está la balsa hinchable de la playa”.
Los coches empiezan a ser manejados de manera errática, como si se apoderasen de sus conductores fuerzas malignas que los obligasen a hacer maniobras inverosímiles y a volcar su estado de ánimo en cabreo, furia salvaje, aniquilación.
La lluvia se hace densa, todos están en los refugios escapando de los resfriados y de las mojaduras temidas, algunos curiosos se asoman a las ventanas con las pupilas dilatadas sin dar crédito a lo que ven, a lo que escuchan.
Ha llegado un día de invierno.

Desenterrado

Desenterrado

de la ciudad de los olivos

desnudo ante ti

sin pedirte permiso.

Me abrazas

y me besas con pasión

como la primera vez

cuando estaba vivo.

Me dices que me quieres

yo sé que es verdad

si me has rescatado tu misma

no te puedes engañar.

Te amo

y lo ves en mis ojos profundos

los mismos que antaño tristes

ahora te siguen deseando.

Silencio

Silencio.
No cometas el error de decir algo que no puedas explicar luego.
Silencio.
Estoy en tu cabeza como flujo a tu corazón perpetuo.
Despacio, muy despacio, en silencio te provoco pensamientos que te gritan en un dolor profundo.
Silencio.
Estoy en tu masa gris, inconscientemente lo sabes pero no me puedes echar.
Observa.
Silencio, estoy en tu cabeza.
 
Silbo cuando estoy contento, silbo cuando te veo, silbo si me silbas tú.