El mono del ático

Estaba claro que tener tres monos y un chimpancé en su casa no era suficiente, sobre todo porque hay un cuarto mono que nadie recuerda o conoce exiliado en el ático de la casa. Un mono que su dueña no menciona a nadie, que no le gusta hablar sobre el y que lo tiene confinado para la eternidad por se el causante de sus peores terrores nocturnos, de sus pesadillas no curadas en el tiempo.

Fue su primer mono, el más grande de todos los que ha tenido, el que obtuvo su conciencia plena al poco tiempo de compartir la habitación de su dueña, el que se creyó por un momento con el poder de dominar a su ama y conquistar su entorno como un dictador supremo. Y casi lo consigue.

Su dueña lo tenía de día reposado sobre su almohada pero de noche lo dejaba sobre una silla de escritorio, fuera del cálido tacto del edredón, separado del abrazo de su cuidadora. Y eso al mono numero uno de la ecuación no le gustaba, le ardía la rabia de ver como del día a la noche pasaba de ser el centro de atención a una cosa apartada, indiferente. La conciencia del mono que trabajaba como una locomotora a vapor empezó a lubricar ideas de como asesinar a su dueña y de quedarse con todo el complejo universo de la habitación que lo tenía en su particular paraíso como un ejemplar casi libre, pero ya no era el casi quería el total.

Así que el primer mono se fue haciendo con todos los cables que había en la habitación, los del teléfono, del ordenador, de la televisión y preparo una soga que enlazo con la argolla de la lampara, puso suavemente sobre el cuello de su dueña y tirando con todas sus fuerzas levanto en peso a la mujer que en un gesto de pánico empezó a gritar mientras el mono chillaba y chillaba, por unos instantes la escena se parecía a un infierno lleno de locos metiéndose todo tipo de drogas hasta que reinó el silencio.

El mono se estaba asfixiando, en un descuido y aun con su dueña colgando luchando por su vida, esta le atrapo con sus piernas apretándole el cuello con fuerza. Ahora los dos se estaban ahogando, era cuestión de tiempo saber cual de los dos se moriría antes y el estruendo volvió a la habitación, la argolla de la lampara no pudo soportar el peso de los dos, la dueña cayendo encima del mono apretó aún con más fuerza su cuello dejándolo sin sentido, se quito el cable del cuello, respiró profundamente y gritando con todas sus fuerzas se subió al mono a su hombro y dudando de su propia estabilidad lo subió al trastero del ático.

Allí en una jaula de barrotes dorados, candado biométrico y una vieja maquina expendedora de plátanos que le surtía de un par de ellos al día está el primer mono, el que desafió a la humana a la que quería parecerse, a la que quería matar para supremacía de su raza, el que sería durante un tiempo largo la pesadilla de aquel que quiso ahorcar a la matriarca de los monos.