Viejecita

Caminando por las calles de piedra del casco viejo te encuentro, asomada a la ventana, con tu melena gris ondulada como ondas en el mar, con ojos grises y cansados, con la piel arrugada como una uva pasa, en tu vejez llena de sabiduría por la vida.

Ves mi cámara colgada de mi cuello y sientes que te observo, mi alma de fotógrafo sabe que eres una toma perfecta de la vida pero me da reparo robarte el momento y más cuando estás en tus dominios, en tu casa.

Levantas tu mano y haces señas para que me acerque, educado voy hacia ti con un gesto entre asombrado y cauto. Me pongo a su altura y la saludo, cosa que hoy en día es raro ya ver por las calles.

¿Me quieres hacer una foto verdad?.

No se le escapa nada a la viejecita creo que a cincuenta metros ya me intuía las intenciones de cargar y disparar a pulso para inmortalizarla. “Si” le conteste, honestidad y sinceridad ante todo.

  • Entonces adelante – me dice.

Dispare dos veces en vertical, la estrechez de la ventana me sugería que era el mejor modo, 70 mm de una vida, la sonrisa de la viejecita cuando al bajar la cámara le di las gracias y si quería que le proporcionase una copia en papel.

Aquí es donde viene la anécdota de toda esta historia, ella en su lentitud casi susurrando me contesta: pídele el correo a mi nieto que tiene el restaurante allí en la esquina de la plaza y así luego me la enseña. Ahora la sonrisa era mía, giro la cabeza y veo el restaurante el cual no era la primera vez que entraba a recuperar fuerzas cuando mi cuerpo se negaba a andar sin combustible.

El nieto me invita a un café, no hizo falta pedirle su email, mi cámara envía por wiffi las fotos que quiero a mi móvil y en un segundo las dos que hice ya las tenía el, le gustaron, a pesar de que ya no soy el que fui y que mi cuerpo, pulso y vista ya no tiene fuerza para aquellas aventuras del pasado con cámaras y objetivos más pesados que mi cabeza, ahora desde la humildad de una cámara de bolsillo de vez en cuando aún me entra el gusanillo de capturar momentos para el recuerdo.