Marisco fresco frito

Estaba yo sentada en un sofá de la discoteca casi a punto del cierre, reventada de bailar y de tomar unos cuantos cubatas cuando se me allega una moza de buen ver, un poco garrula en su manera de vestir, cosa normal en medio de una aldea donde a una pista de cuatro metros cuadrados se le llama discoteca. La verdad es que la tipa tenía todo lo que me gusta, un buen culo, una talla 90 de pecho, ojos claros, desmelenada y con ganas de saber lo que quiere.

Hasta ahí salvo por la ropa años setenta todo estaba bien, tenía mi ser mas húmedo que unas cataratas en mi bañera y me deje llevar, fui receptiva para ver que me decía, aunque a leguas ya se intuía que como yo, las dos eramos lesbianas. Así que con los movimientos típicos del Urogallo en el cortejo se aferra a mi costado y me suelta:

¿Quieres comerme mi marisco fresco frito?

– Me morí.

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