El charco del pavo

La cuerda partida

sobre el cuello de mi ser

con el sello del sol negro

asomado sobre tu pecho.

Donde observas si me muero

asfixiado de manera racional

como un pequeño ser

quizás una anguila de agua dulce.

Te ríes a carcajadas

y dices que yo me quedo ahí

con los ojos desorbitados

oliendo a té de anís.

Y como no quieres esperar

me rajas el cuello de derecha a izquierda

con un cuchillo de curtidor

el mismo con el que me arrancaras la piel.

 

 

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