A los jus mornins mi darlinss

Lo primero que me dices al levantarte de cama después de escuchar un mensaje que te dejé como desayuno con amor en tu teléfono es una pregunta ¿has dormido algo?. Nada de un gracias mi niño por tan buen despertar, o quizás un te quiero más grande que la estatua de la Libertad, sólo saber si he dormido o me fui de acampada con las hadas nocturnas a tomar salchichas pinchadas en un palo mientras cotilleamos cosas de la vida.

¡Niñaaaaaaaaa tus buenos días que no estás en el mercado regateando cinco euros al pescadero cojóne!. Aunque luego se me pasa todo cuando me manda una fotito con ese guiño de ojo que me pone más cachondo que un delfín en medio de un banco de sardinas. Y se me olvida todo, esos modales de la jungla, aunque claro, viviendo en la gran meseta, allá donde no se ve el horizonte porque la polución es como un muro de niebla, doy por hecho que saludar por las mañanas no es agrado de todo el mundo por eso de ir quitándose la mascara de gas cada dos por tres. Todo se pega.

Así que como me la cómo con rodajas de tomate y de “jamonsito” y aceite de oliva no le tomare en cuenta que cada amanecer mientras yo le dedico un verso ella me ronque fuera de la cama, mejor eso que no tener nada.

Pero para mañana ¡¡¡íllaaaaaa!!! meteme la lengua hasta la garganta.