No somos nada…

El 30 de mayo de 1431 yo aún no había nacido pero me acuerdo que ese día murió en la hoguera Juana de Arco, unos siglos después la nombraron Santa los propios que la mandaron quemar, todo en nombre de algo desconocido e invisible al que muchos se aferran y creen porque tienen esa necesidad de hacerlo y aunque no comparto que la existencia de las religiones valgan para algo, las respeto, aunque pienso que cada uno es su propio templo y cada uno allá donde quiera puede rezar a su manera a quién desee sin que le impongan el donde y el que creer.

Al fin y al cabo todos nos vamos a morir algún día, marcado o no en el calendario de alguien, pero nos pasara a todos, ricos, pobres, Reyes, Presidentes, drogadictos, etc. Y pensar en alguna religión como la autentica o la verdadera en un mundo de desinformación y conspirativo, donde todo lo que se dice o hace ha sido planificado y censurado desde hace siglos me lleva a creer y pensar más por uno mismo que por lo que crean muchos.

Y ahora sentado ante mi teclado, observo a mis tortugas tomar el sol ajenas a mis pensamientos y a lo que aquí estoy diciendo y me pregunto si ellas creen en algo, si tienen a un ser superior al que rezan a su manera, si saben que a lo largo de la historia de la humanidad las religiones provocaron guerras, matanzas, torturas, tantas cosas en nombre de algo que nadie ha visto que en parte envidio que estén en su acuario tranquilas encima de su roca sin más preocupación si la tienen de que les dé de comer a la hora acostumbrada y el agua este calentita y limpia.

El mundo estaría mejor sin ciertas cosas, pero los que manejan los hilos de la Tierra saben que para controlar a las masas no hay nada mejor que hacerles creer en la receta del miedo, en llenarles la cabeza de desinformación e información que entre unos y otros se desmienten para que al final no podamos pensar libremente y los que lo hacen son tachados de parias o desaparecen si molestan demasiado, no somos dueños de nosotros mismos y aunque ahora no se use la hoguera, la guillotina o el garrote vil, aún siguen asesinando nuestras mentes.

Sueño perdido, sueño olvidado.

La trituradora de horas me oprime el estómago, los parpados parecen témpanos pesados que dejan una orilla blanca en mis ojos, mortuoria. La locura se apodera de mi mente, las sensaciones de sueño son inexistentes y escucho mis propios latidos, gritándome, pidiendo un momento de paz, de un in-logrado descanso.

No tengo reloj pero en mi cabeza suena el tic tac de los antiguos, aquellos que en su tiempo lo eran todo para controlar una vida, ahora esa vida es como una vía de ferrocarril en punto muerto, no se duerme, no se respira por la densidad que se corta como el queso, formando pesadillas conscientes, abrumadoras.

Cambiando mil veces de postura, golpeando la cabeza contra todas partes, agarrando el pecho con los puños cerrados, sacudiendo los cimientos de tus creencias. Pero notas en el viento, en la lluvia, en como las estaciones pasan y sigues despierto, como una maldición incluida desde el día que naciste, perversa, agónica en la oscuridad y que ni el alba te arrima a una sonrisa. Sueño perdido, sueño olvidado.