Una chica moderna

Tenias las manos manchadas de sangre, te habías estado regocijando con la motosierra cortando todas las cabezas de ganado que ibas encontrándote por el campo, esa misma sangre que ya empezaba a cubrir gran parte de tu cuerpo y te relamías. Tenías los ojos desorbitados y cantabas en alto “Como no te voy a querer…. como no te voy a querer….. motosierra de mi amor” ejerciendo presión sobre el acelerador y revolucionando la misma con una sonrisa sádica, gozosa, de perra hambrienta, de hija de puta.

Se te termino el campo y orillaste la primera acera de piedra de entrada al pueblo, aún sumida en tu orgía y frenesí sangriento todo ser vivo bípedo, cuadrúpedo o con materiales añadidos, sillas de ruedas, bastones, muletas, bicicletas… iban cayendo a la velocidad de la luz con tus estocadas mortales de la cadena asesina mientras de vez en cuando se te oía decir: 24, 25, 26, 27…

Llegaste a la puerta de un Hospital, los rumores se habían extendido, ibas clavando tacones. Se atrincheraron cerrándolo todo pero tenías más arte que actriz metida en su papel y dejaste resbalar un cubo de basura con sumo cuidado cuesta abajo rompiendo los cristales de la entrada, te agachaste entrando desafiante, te llevaste el dedo indice a la boca, lo relamiste y proclamaste en alto:

¡Vamos! ¿quién es el siguiente?.

Tiempos de pesadilla

En el primer tiempo

de mis anomalías naciste tu,

cosa sin nombre y espectro

de hechizo a cebolla y perejil.

Del segundo tiempo

surge un hombre que no vale nada,

tostada quemada por imposición

de la inteligencia entre tus muslos.

Al tercero tiempo ya ni me acuerdo

siendo un martes y trece lluvioso,

metáfora del liquido seminal

que se escurre de tus labios.

Y como no hay tres sin cuatro

he aprendido a sufrir,

los números de circo que montas

para que ponga un pie en la calle.

Quinto tiempo del reloj sin esfera

huele a madera de pino recién cortada,

la tierra esta levantada hace montículo

y me preparo a cagar en mi agujero.

Roto

Me dejaste herido

me rompiste el alma

perdí la confianza

en tus palabras.

Tus ojos ya no brillan

tu corazón no me palpita

tu piel no me acaricia

solo me trata mal.

Tu amor es como viento

que se aleja en el horizonte

en un verso simple

donde hubo calor intenso.

Ya no puedo verte

ni quiero de tus labios

me voy triste y solo

otro muñeco de trapo roto…

Nuestro barco…

Nos casamos en un barco

con miles de pasajeros,

el capitán del trasatlántico

nos declaro marido y mujer.

Han pasado muchos años

desde aquella noche maravillosa,

donde tu te sentías una hada

embrujada por la luna y me besabas.

Y desde ese día que te vi

entre todas aquellas lobas y me enamore,

no hay un solo día

en el que no piense en ti.

Algún día volveremos

a formar parte de ese crucero,

retomaremos los votos

y sonreiremos en nuestra felicidad…