Tú orgasmo

Al pasar por Chamartin te diste cuenta de que te olvidaste tus cascos, apretada en el vagón entre la gente, para hablar por el mobil y aun te faltaban dos estaciones para liberarte del ruido y poder salir y hablar tranquila camino de tus clases, cuando empezaste a sentirte húmeda, a sentir escalofríos, a ponerte nerviosa y bajaste tu mano hacia tus piernas, no te lo podías creer estabas teniendo un orgasmo.
No podías dejar de pensar que es lo que te sucedía, que intentabas girar tus pensamientos hacia otro lado que no te provocaran sonrojo y querías engañarte para no confesar que estabas corriéndote de una manera placenteramente escandalosa.
Al llegar a tu estación sales apurada chocando con todo el mundo y buscas un cuarto de baño donde mojarte la cara, refrescarte e intentar analizar lo sucedido, pero sigues nerviosa, se te caen los libros, no puedes dejar de temblar y entonces lo ves claro, lo entiendes. Dejas todo en el suelo y te das la vuelta despacio. Tus ojos se cierran por un instante hasta que sientes unos labios besándote.
Lo sabias.
Tu cuerpo no dejaba de decirte que él estaba esperándote, que tu mente sabía que hoy volverías a hacer el amor con el, que os contaríais absolutamente todo para descubriros mutuamente que en realidad sois esclavos del sexo, viviendo en una ciudad donde millones de almas juegan a la frialdad capitalina de no sentir nada por uno mismo.

Y ya no puedes dejar de mirarle… lo amas.

Lo que tomaste como el café

Me robaste el alma con tu mirada, la primera vez que nos vimos en medio de un parking, donde sin conocernos carnalmente me llenaste mi boca con tu lengua tirando de la mía hacia la tuya. Un atrevimiento que dejo el abrazo para lo último y acariciaste mi culo soltando un suspiro para coger aire y seguir comiéndome la boca a besos.
Luego quisiste tomar un café.
Tú y tus cafés.
Quisiste contenerte preguntándome como era el entorno por donde me movía y a pinceladas gruesas te fui marcando mi territorio como un profesor dando caña a la geografía y a la historia a una alumna aventajada, de esas que todo lo memorizan incluso cuando su pie por debajo de la mesita se frotaba con mi entrepierna tal como hiciste clavando una sonrisa descarada, picara, de lujuria. Lo que menos te importaba era todo eso, solo buscabas hacer un poco de tiempo para no tirarte encima mía sin perder un solo segundo, sin parecer desesperada por hacértelo conmigo, por fundirme en la cama de un hotel que ya tenias preparado, negociando de ante mano que caería en tus garras, en tu juego de seducción, en tu volcán.
Terminado el juego caliente entre sorbos me cogiste de la mano.
Mi pregunta es a donde te gustaría ir primero y conocer el escenario por donde reinaba cada dia de mi vida, tu respuesta…

… Habitación 49, sin tregua hasta desfallecer.

La chica de la peca, pecaminosa

Te gusta picar el pan
que te deja el queso fuera,
soltarte en tu microondas
y mirarme fijamente,
entretenida las charlas
que sacan tu camisón al aire,
espionaje de la peca
que lleva tu nombre puesto,
escuchas sin disimulo
las conversaciones pasadas,
lloras y empatizas
cuando mondas la patata,
gritas y pides silencio
cuando auxilias al sexo,
eres una musa de ciudad
que tira de cafetera,
me rascas la barriga
esperando que salga el genio,
me niegas y reniegas
cuando simplemente me quieres…