Como una guerrera nórdica

Me encanta el sexo con Reina, es lo más letal y a la vez cariñoso que te puedes encontrar en la madre naturaleza de dos cuerpos desnudos en una cama efecto agua de manantial. Es todo burbujas como escuchar a Bruce Springsteen cantar el “lift me up” en versión heavy metal para deleite de los orgasmos más increíbles que la mente puede producir, ella es todo eso en un frasco pequeño de perfectas esencias para el amor, su sofoco y entrecortada respiración cuando esta sobre mi otra melodía, una frecuencia no perceptible para quien no la posee.
Sabe como hacer cumbre en la montaña de tus gustos y recetarte toda la adrenalina necesaria para que el cuerpo lo resista y sea combativo hasta que su sed, su hambre de ti, se sacie. Es como esas viejas locomotoras de vapor, todo impulso, fuerza y carácter, dejando a la imaginación un repertorio por descubrir de momentos alterados de la conciencia cuando el placer se compenetra en ambos fluidos, en la jerga de moverse al mismo tiempo y de terminar a la vez.
Su volcán es como las alas de una mariposa, te puede engañar con su belleza pero te puede devorar con su lava en segundos, atrapándote en una telaraña de lujuria y pasión, de sudor por todo el cuerpo, de su pelo rozándote el pecho, de sentir la saliva de su lengua caliente dentro de ti, como una guerrera nórdica, como una diosa.

Me encanta…. a pelo mucho mejor.

Ese lunar tuyo

Me encanta el lunar que tienes en una de tus blanquecinas nalgas, es un punto en el desierto de tu piel lisa y de ese culito firme esculpido en tus paseos matinales por Alcobendas. Me encanta jugar con el y hacer que se te erice la piel intentado buscar desde tu mente un pensamiento que haga de ese punto único un oasis, una referencia a las preferencias de buscar sobre tu piel todos sus secretos, toda la intriga que cada poro, cada centímetro sea especial, con sabor a la sal, con la mirada devoradora de quien después de ese juego de la seducción te va a comer a besos.
Eres terciopelo en toda tu magnitud, loca hasta hacer quedar perplejo a tu amado Sigmund Freud si viviese pero de esos “tus destellos de genialidad” hasta un lunar es un paraíso a descubrir, al que meter entre la nata y la fresa y relamerse los dedos porque saborearlo y dejar el sello de mi lengua en tu ser es como la melodía de un buen desayuno, como tu cara al despertarte a mi lado y regalarme una mirada con brillo propia, de súper nova, depredadora, de mujer. Esta noche espero encontrar más aún no termino la exploración.

Mea culpa

Aun la siento caliente
en mis desbordados labios,
entre mis dientes
tu sangre a borbotones,
mea culpa.
La saboreo plácidamente
me deleito en ella,
me reconforta mientras me veo
en el cristalino de tus ojos,
mea culpa.
Me seduces con su dulzura
como rio enrojecido,
ebrio de tus carnes
del pecado de tu sangre,
mea culpa.
Te entregas a mi
me la regalas a vena abierta,
con gritos de silencio
orquestados por tu dolor,
mea culpa, mea culpa, amor.