El asesinato

Reina arrastraba una bolsa de basura enorme, mientras la metía en el ascensor todo el pasillo era un gran reguero de sangre. Le dio a pulsar al sótano donde tenía el coche en el garaje y mientras el ascensor descendía iba silbado una melodía de Siniestro Total titulada “bailare sobre tu tumba”. Siguió arrastrando la bolsa hasta llegar a su monovolumen, la metió en el maletero y arranco el coche.
Condujo durante cincuenta kilómetros hasta que vio un paraje que le resulto agradable, puso el intermitente se arrimo al arcén y mirándose al retrovisor se pinto los labios, espero a que terminase la canción de camela que tanto le gustaba y sin apagar el motor saco la bolsa que aún iba dejando un hilo de sangre y la dejo allí.

De vuelta a su casa el portero del edificio le pregunto a que se debia tanta sangre y si tenia que estar preocupado por algo, que si tendría que llamar a la policía o a algún medico, Reina le miro con desdén, le regalo una sonrisa y le contesto con una frialdad absoluta: llama a quien quieras acabo de matar a mi puñetera regla.

Miércoles sin sentidos

Hoy mis ojos se han cerrado para siempre a la luz, me he quedado ciego. Y pienso en todo lo que se ha ido, todas aquellas cosas que no le daba mayor importancia y que ahora se ven en mi mente como diapositivas de lo que jamás volveré a ver. Es una lección de humildad que la vida te enseña, te advierte de que ni todo es tan bonito como parece ni tan fiel y sincero como uno cree, de ahí que la oscuridad forme parte de nosotros, que nos quedemos ciegos.
No me asombra en parte que mis sentidos me abandonen, primero la vista, luego perderé el olfato para sentir el olor de quienes me apuñalaran el corazón y podrán acercarse a mi sin la mascara ni el velo para hacerme daño. Luego perderé el tacto, ni el calor ni el frío sera sentido en mi piel y no tendré mas estímulos que el de los recuerdos. Y del gusto ese sera el definitivo para no sentir deslizarse por mi lengua y mi garganta el veneno que me pongan cuando al no ser nada racional puedan matarme sin disgusto alguno.
Pero me dejaran el oído, agudizado para escuchar sus risas mientras acaban conmigo, mientras se burlan de mi, de cuando tenía sentimientos, de cuando era un hombre. De cuando podía soñar con la felicidad y el latir del día a día. Aunque el tiempo me dejara la sordera a buen reclamo para que pueda desaparecer y quedarme petrificado sin moverme en un punto fijo pasto de las alimañas y los carroñeros, pero no aquellos que son animales, sino los de una sociedad que nos aparta y clasifica no por lo que somos sino por lo que no queremos ofrecer.

Muerto

Si me besas
sentada sobre mi lapida
recuerda el amor
que te confesé en vida.
Si acaricias el mármol
frio como la noche
recordando mi cuerpo
piensa un metro mas abajo.
Si lloras y tus lagrimas
caen sobre mi sonríe
con ello estarás lavando
la oscuridad de mi alma.
Si te levantas y te vas de mi lado
no me estarás dejando solo
yo siempre caminare a tu lado
haciendo palpitar tu corazón.