Mi cuerpo ya no me pertenecía

La noche se poso sobre mi y entendí que mi cuerpo ya no me pertenecía. Desolado por mi impotencia para controlar mi ser decidí seguir sin moverme en mi cama y esperar lo que para mi ya fuese decidido por mi madre destino y mi padre muerte.

Era consciente en todo momento de lo que me estaba pasando, mis músculos ya no me obedecían y mi corazón era un latido lento que me quería dejar a cada segundo. Y no me podía oponer a ello, ya nada de mi era controlado por mi cerebro, mi cabeza solo asentía a los inquilinos que manejaban mis hilos.

Mis pulmones no se llenaban, no quería dejar de respirar, pero no era decisión mía, ¿verdad mi amor?, solo tu sabias como parar todo eso. Tus manos sobre mi pecho, tu impulso como adrenalina sobre mi marcha podría cambiar mi partida, pero no veía en ti ese deseo desde mis pupilas dilatadas.

Me muero, sin oportunidad de luchar, sin que tu me dieses la oportunidad de cambiar el futuro que me estabais ofreciendo, pero no querías facilitarme nada. Todo cerca de ti se volvía borroso, y todo se volvía liviano, sin dolor, sin esperanzas.

Y a mi me venia el recuerdo, de tu cuerpo encima del mio, de tus gemidos con los míos, de un orgasmo compartido y en el presente nada hacías por mi, te habías aliado con la muerte, la mía. Esperabas mi último suspiro y pude complacerte.

Ya soy libre.