Mi jefa

Me habías citado en la calle Postrera en un día frío y desangelado para comer en el Puerta Sevilla, me supuse que tus reuniones de comida serían como en las anteriores citas, aburridas y cargadas de elementos del trabajo como revisar fechas y poner las agendas en el mismo punto, un coñazo insufrible sobre todo porque era fuera de horas de trabajo y me consideraba con el derecho de tener mi propia vida y no estar siempre a remolque de lo que quisieses por muy jefa que fueras, por muchos tacones de aguja que llevases y esas gafas grandes, para mi exageradas que junto ese escote de juvenil descocada…. ¡stop! Que ya llegas.
Tras los saludos pertinentes, o sea lo mismito que hacer un agujero en el hielo y ponerte a esperar a que pilles un pez, de dejarnos un buen pico en degustar la comida tradicional y empezar a dar cuenta de un buen trozo de tarta de queso soltaste el premio gordo de la jornada, no tenía nada que ver con la paliza que me habías dado durante la comida con los temas sobre la economía y el desarrollo de la empresa, ni de contratar a mas personal o reducir el consumo del uso de la impresora en asuntos personales (fotocopiar mi culo para gusto de alguna), lo tuyo fue como una bomba nuclear sobre territorio amigo, esa pregunta que por unos segundos me dejo fuera de juego y al borde de la expulsión.

.- ¿Yo te gusto?

¡Ole y ole sus ovarios!, la tarta de queso estaba a punto de salir despedida de mi garganta hacia su cara en un ataque de agarrotamiento mientras mis ojos desorbitados estaban a punto de irse al fondo de la sima de las marianas y volver sin descompresión ni nada. ¿Pero esto qué es?, ¿dónde está la cámara oculta?. En esa situación típica de no saber que hacer te tocas la ceja, balbuceas sin sentido como si fueses un idiota a reventar de aguardiente y por fin cuando ves que su cabeza se inclina intentando entenderte y que eso puede terminar como el exterminio de las cucarachas en un sarao de napalm la miras a los ojos fijamente y le sueltas….

.- claro eres una jefa increíblemente eficaz y sabes llevar con pulso firme la empresa.

¡Animo campeón que de estas sales!, me lo intentaba repetir una y otra vez a la espera de que colase y no se notase mucho que estaba a punto de empezar a sudar y a sentirme nervioso, aflojo la corbata con disimulo y espero recibir en segundos la somanta de ostias más verbales del universo.

.- ¿Si te gusto como mujer, como pareja, como algo mas que tu jefa?

Madre mía pero que se ha metido esta mujer hoy un saco de lsd en vena, ¡se ha fumado toda la maría de la región!, empiezo a tartamudear como un gangoso sin culpa y mis cojoncillos botaban de un lado al otro de la silla con pánico esperando a que la aguja del tacón de unos de sus zapatos acabasen buscando lugar blando. Armándome de valor y seriedad para una ocasión única en mi vida de ser sincero y de demostrar que tengo voluntad propia y que no cederé a sus chantajes tanto empresariales como emocionales le solté con rotundidad:

.- ¿En tu casa o en la mía?

La mierda mental de algunos

Quiero un pañal,
lo necesito para no ver mis vergüenzas.
Que no son mías, que son de otros…
Algunas ya huelen,
mas bien diría que apestan,
pero el pañal ya no las absorbe, le falta capacidad.
Deja de tocar los huevos,

que falta aire para respirar.