Querida….

Querida:

Tras los años se sustentan los hechos, y con ellos las identidades que al menos hemos guardado. La complejidad de una mente cuyo nivel de sufrimiento le ha enseñado a no derramar una sola lagrima me permite decirte que hay un océano dentro tan salino que nada puede sobrevivir en el. Entiendo y expongo que la felicidad es un motor cuyas válvulas de escape son igual de fuertes pero su combustible no es eterno, y a veces se quema tan rápido, tan rápido que no lo llegamos a sentir. Imaginate el fondo azul y la espuma recortando el horizonte, donde las palabras de cada identidad se ahogan, imaginate que el barquero deja de cobrar sus monedas, que la Luna se desinfla y que la moratoria para entendernos ha decaído hasta niveles humanos, ¿qué ha pasado?, no me lo digas.