El regalo de San Valentín

Esta mañana temprano iba con una amiga incorregible en el tren desde Alcobendas a Madrid y le comente a esta que todo el mundo estaba emocionado con que fuese San Adoquín. Reina me miro extrañada y me dijo: “¿qué me estas contado?”; espera es ¡¡¡ San Valentín !!!. le devolví la mirada como diciéndole ¿en serio? ¿tú crees?.
Y me suelta un felicidades como si eso del amor y las relaciones estables estuviesen al orden del día en nuestras vidas, además siempre he sido de los que creen que este día nació por las grandes multinacionales para forrarse a cuenta de los sentimientos, que si quieres a alguien bien le puedes regalar algo el 4 de febrero o el 30 de julio o cuando mejor te venga en gana, no como borregos hacerlo en las fechas que a los poderosos le resulta conveniente.

Al llegar a la estación me despedí de mi amiga con dos besos muy efusivos, cosas del roce ya se sabe, y que la “jodía” esta cañón, lo se, defecto mío el enamorarme siempre de una mujer que sepa pensar por si misma y sea más inteligente que yo. Cuando me entraron ganas de ir al baño, todos sabemos que no siempre los baños públicos son un espejo y mas en hora punta pero en un día tan señalado ya podían mear rosas o cagar tulipanes, por lo menos tirar de la cadena y no dejar el regalito para cuando uno entre al único baño libre te dejen un buen comienzo para el día de San Valentín, solo le falto dejar una nota que pusiese, para ti con todo mi amor.



La ola

No tengo tus besos, ni tus caricias, me falta tu pasión dentro de mi, y me desespero porque necesito el calor de tus pechos, de tu cuerpo.
De las fantasías que me da la imaginación de tus pensamientos cuando me cubre y me llena de éxtasis y de felicidad.
Quien se puede resistir a querer eso, a necesitarlo como una droga de diseño.
Me estremezco cuando tu aliento llega a mi piel y me dejo seducir por todo lo que jamas quiero perder de ti, tu realidad, amor de verdad.

Y lo pienso tan cual, todas las noches, causante de mi pena, de mi otra realidad.