Mi cuerpo ya no me pertenecía

La noche se poso sobre mi y entendí que mi cuerpo ya no me pertenecía. Desolado por mi impotencia para controlar mi ser decidí seguir sin moverme en mi cama y esperar lo que para mi ya fuese decidido por mi madre destino y mi padre muerte.

Era consciente en todo momento de lo que me estaba pasando, mis músculos ya no me obedecían y mi corazón era un latido lento que me quería dejar a cada segundo. Y no me podía oponer a ello, ya nada de mi era controlado por mi cerebro, mi cabeza solo asentía a los inquilinos que manejaban mis hilos.

Mis pulmones no se llenaban, no quería dejar de respirar, pero no era decisión mía, ¿verdad mi amor?, solo tu sabias como parar todo eso. Tus manos sobre mi pecho, tu impulso como adrenalina sobre mi marcha podría cambiar mi partida, pero no veía en ti ese deseo desde mis pupilas dilatadas.

Me muero, sin oportunidad de luchar, sin que tu me dieses la oportunidad de cambiar el futuro que me estabais ofreciendo, pero no querías facilitarme nada. Todo cerca de ti se volvía borroso, y todo se volvía liviano, sin dolor, sin esperanzas.

Y a mi me venia el recuerdo, de tu cuerpo encima del mio, de tus gemidos con los míos, de un orgasmo compartido y en el presente nada hacías por mi, te habías aliado con la muerte, la mía. Esperabas mi último suspiro y pude complacerte.

Ya soy libre.

La lola que chava

La Lola se va de bailes
con las cenizas de sus zapatos,
se le fue la cordura… con dos mojitos
en las manos y la cabra en el piano.
La Lola de dardos utópicos lanzadora
practica su palabra levantando anclas,
donde pone el ojo no levantas cabeza
se escurre tu vida entre la pana.
La Lola tiene curvas y cicatrices
como la autopista Panamericana,
presumida de bien modo se las arregla
para coquetear con el rimel y la mirada.
La Lola es como un dolor de muelas
solo no duele si te la arrancas,
pero que luego la echas en falta
y la extrañas… ¡carajo que chava!

Materia oscura

Ya no percibo el mundo del mismo modo que tu lo haces, para mi todo ha cambiado desde que no distingo la realidad en la que tu vives. Se me hace duro pensar en todas aquellas cosas que ya no distingo y cuya finalidad se hace indiferente para mi. La vida sigue sus vías y sus estaciones siempre estarán repletas de multitudes ansiosas de desarrollarse y de congelar el tiempo, con sus matices y sus esperanzas, pero no veo tu mismo radio de juego, y ya no siento el calor de las cosas del mismo modo que la naturaleza lo brindo con su paleta de colores.
No estoy dado en cuenta de los amaneceres y atardeceres desde tu “ventanita” y me rasgo la materia gris queriendo entender la faena en la que mis pétalos no son como los tuyos, se han tornado al frío y a la ventisca, se alejaron del arco iris.
Me llamo a mi mismo materia oscura, látigo imperdonable autodestructivo y salvaje, pero dentro de mis propias molestias, la falta de la gama de pigmentos como de latidos, me puede, me vence y me hace sentirme una escultura pétrea.
Los términos y condiciones de uso de mi cerebro están alojados en una cadena perpetua donde todo los sistemas se han ido apagando hasta el blanco y negro, bordado de semejantes.

DEP.

Verdulera

Imposible
sacudir el enjambre,
de tu mente retorcida
por aplastantes teorías.
Eres plasma
que deambula perdida,
sangre azul
de tus piernas minifalda.
Infantil medio siglo
de gorgoteos y pesadumbre,
afilas los colmillos
entre tu faja y espartanas bragas.
Careces de voluntad
la dejaste al perder la virginidad,
mofletes colorados
labios de túnel de tren.
Malherida en un costado
rompes la paz de tus días,
eres nicotina para tus dedos
la mosca cojonera que odio.