La extraña

Estabas sentada en las escaleras del embarcadero, una bolsa de nueces era tu única compañía y las ibas abriendo y comiendo a un ritmo automatizado casi como una robot recargando las baterías. Ni te diste cuenta de que me había sentado a tu lado y que en silencio observaba como una tras otra ibas dejando la bolsa de nueces vacía, hasta que llegaste a la última.
La miraste como si te diese pena la cerraste en tu mano, la volviste a abrir, me miraste fijamente y me dijiste: “para ti”. Decline la oferta pero insististe, me diste dos opciones comérmela o guardármela de recuerdo. Pero como lo primero no iba a hacerlo te pregunte porque guardarla, que significado tendría para mi hacerlo y tu respuesta fue simple y clara: “porque está es la primera cosa que te daré pero intuyo por lo que veo en tus ojos que no será la última”.
Me desconcertó por completo su respuesta no era una manera habitual de empezar una conversación pero me sentí intrigado por lo que dijo y le pregunte ¿qué has visto en mis ojos?. Te echaste a reír y me propusiste seguir la conversación en la cafetería más tarde, en el Splash a las 18:00 horas, me quede un segundo pensando y acepte la propuesta.
Como conocía el terreno me fui tranquilo a la cita, le pedí a Pepe un café con leche descafeinado de sobre y me senté en la terraza esperando a que llegaras, la puntualidad no es su fuerte, veinte minutos tarde, o se los ha comido arreglándose porque venia imponente, o ha pillado trafico en la avenida, pero lo importante es que después de levantarme darte los dos besos en la mejilla de rigor y de separarte la silla para que te sentaras como buen caballero, estaba ya deseando empezar a indagar un poco sobre su misterioso enigma de la nuez.
Yo café, ella batido de piña.
Mi propuesta de conversación fue clara desde el principio, ¿qué cosas más me daría a parte de la nuez, porque según ella lo había visto en mis ojos?, pregunta que no tardaría en hacer y que de manera inteligente me contesto: “Una cita”……. ¡¡¡¡ zaaaasca !!!!, la primera de frente, si, bien cierto me ha dado otra cosa y una cita es a parte de una nuez otra cosa, por ahí me ha pillado jajajajajaja. Pero como perro viejo seguí indagando y le pregunte ¿qué te hacia pensar que por sentarme a tu lado esperaba una cita?, se dibujo una sonrisa en su cara, sus gafas de sol me ponían nervioso, naturalmente es el juego que ella había decidido hacer y me soltó: “¿no estoy en lo cierto?”.
Como me repatea que me contesten a una pregunta con otra pregunta, pero yo también lo hago muchas veces con lo cual esta sabe jugar al más alto nivel y me gustaba. Así que asentí y le dije que después del detalle de la nuez no podría negar que estaba más que interesado por todo lo que el momento en si podía significar. Cuando iba a lanzar otro ataque con la pregunta trampa para que no me respondiera con otra pregunta todo lo que tenia visualizado se desmorono como un castillo de naipes. Se levanta, pone cinco euros encima de la mesa y me dice: ¿nos vamos ya o también me desnudaras aquí como lo hace tu mirada?.
La nuez paso a ser los segundos que tardamos en llegar al coche, darle al botón de arranque y el tiempo suficiente para sin decir nada acabar la noche en el Galicia Palace, por la mañana y con las primeras lluvias de la semana sonando contra el cristal solo quedaba la nuez al lado de mi almohada con una nota, la cuenta del hotel estaba pagada, mi coche seguía en el garage del mismo. Pero de ella solo su aroma aun sobre mi piel, abrí la nota para ver que ponía y decía lo siguiente:

“Conserva la nuez, mientras la mantengas contigo, siempre me tendrás a mi”