Mis últimos momentos

Deslice mi cuchilla
y corté mi carne maldita,
mis venas se abrieron
y de ellas brotaron muerte.
Mis ojos se nublaron
como tormentas apocalípticas,
se me seco la lengua
ya no podía soltar palabras.
Los músculos perdieron tensión
ya no se aguantaban mis huesos,
mi mente se desdibujaba
ya no quería tener más recuerdos.
Mi vida se marchaba
esbozando una ridícula sonrisa,
me había ganado la batalla
cuando siempre me había rendido.