El ocaso

Ya no me queda nada
que impulse mis sentidos
ni que valore mi vida
desde que se apago tu luz…

“Cuando la oscuridad gana terreno y el sol deja de brillar un alma deja esta tierra”

Una hora y media mágica

El bullicio de la calle Príncipe no eclipso tu mirada cuando te ibas acercando, a pesar del sol intenso y las ráfagas de aire frío la luz de tus pupilas era la mayor esencia de cuanto nos rodeaba. Y tu sonrisa la mayor carta de presentación, no hacían falta más palabras.
Tu cuerpo amoldaba tu vestido negro, curvas de diosa del Olimpo, olor en ti a primavera, fragancia que llenaba los pulmones de dulzura y sentimiento, de complicidad absoluta como si nos conociésemos de toda la vida.
El paseo por el puerto da Laxe un refranero a tu lado, de palabras bonitas, de cumplidos sinceros, de plasticidad y fotogénica figura en una sesión de fotografías con un marco incomparable atlántico, de aguas salinas de Vigo.
Y la brisa entre arcos de piedra y modelo a lomos de un pulpo de bronce, de la linea de un corazón de granito, del verbo en un objetivo causaba sensaciones y emociones en cada clic de la cámara, en cada segundo vivido a tu lado.
Y mereció la pena, sin dudarlo, ser el alumno de tu belleza, de sentirse vivo ante la juventud llena de madurez que enseñabas, incluso cuando las prisas a lomo de un bocata nos llevaba a un camino distinto, cada uno a su realidad mas cercana, al abrazo de despedida, al sentir que se ha pasado volando unos minutos bellos.
Y me enganche a tus empujones, al humor pícaro, a las ganas de repetir y de sentir tan buenos momentos condensados en una hora y media mágica.

Verónica

Verónica es un espíritu libre, a sus veintiséis años se ha comido el mundo varias veces y lo ha masticado de manera tranquila y evolutiva. Su compromiso con la sociedad esta en mayor grado ligado con una ONG y el amor por sus semejantes, su gran corazón la respalda, su paciencia y bondad con los demás la describen como una mujer maravillosa.
Verónica tiene los ojos de la tierra gallega, el marrón de sus campos labrados y el verde de sus bosques y pastos, con el brillo del atlántico en su retina y el alma entregada en ayudar a quienes con la verdad por delante se arriman a ella. Es un universo.
Verónica es sonrisa, de horóscopo de fuerza y testarudez pero frágil y enamoradiza, pasiones mas allá de su amor entrecomillado por Benedetti y un buen baile, de la sinceridad escrita, de entregarse al cien por cien en las mil causas por las que lucha todos los días, en las que no deja de ayudar y de sentirse más parte de una sociedad anti social e hipócrita.

Verónica tiene la voz dulce, tímida pero sabe luchar y su lucha son los raíles de muchos.

Tu cuerpo

No rueda
………………….
…………………………
……………………………….
…………………………………….
Baja los escalones.
Tu cuerpo hasta llegar a la acera
………………………………….
..
……………………….
Perdido en la soledad
de las mañanas sombrías
congelado por el abandono

olvidado por los suyos.

Gracias A Coruña por volverme a acoger.

No se sabe si el destino
ha volado por Riazor,
lo que sé es que mañana
sera otro día y ya se vera.
Despertando con las sabanas revueltas en un lugar mágico donde los duendes y las hadas han creado un vergel de fantasías y vuelcos únicos e inesperados. Sentir el aroma de las Rías Altas entre mis venas como Celta de forjado linaje, de antepasados guerreros y de nobleza en el corazón es más de lo que se puede pedir para un Domingo distinto, lejano a la cueva del sur de Galicia donde suelo habitar.
Amanecer teniéndote en mi pecho
con tu pelo revoloteando como gaviotas
y la brisa de tu aliento sabor a sal.
Es un flechazo vivir en esta tierra donde las culturas y las pasiones de donde sean son bienvenidas, donde mezclarse en la música con la cuna de la luna y el cielo estrellado de esta pasado noche es idílico, con unos mojitos esclavos de nuestras gargantas de lubricante, ¿a que podemos aspirar a mas?, ¿de verdad queremos alejarnos?. La respuesta es sólo por amor.
Abrir la ventana y contemplar el océano atlántico, girarse y ver tu cuerpo desnudo sobre la cama, que susurres mi nombre invitándome a volver a poseer tu cuerpo, todo eso y mucho más en una ciudad de rompientes, “no tiene precio”…

Gracias A Coruña por volverme a acoger.