Maúllo.

Cada pelea con el mundo no va contigo, soy piel de otra servidumbre, soy la garra que te falta, lo profundo que no encuentras, el testimonial acto de una tirita cruzada en mi rostro.
Te veo con tristeza, arañazo de costillas doloridas, muerte en los talones perseguida y cada día evitada, saludada.
Maúllo.
Mi caminar es mio, no es tuyo, nada de mi lo es, ni los enfrentamientos, ni el callejeo de sardina y monda, ni la música robada en las ventanas, ni los rayos del sol.
Mis rayos del sol.
Mi cabeza.
No maúlles.

Hay una carta para ti.

Amor mío:

Me gustaría poder besarte y sentirte como la nieve derretida por los primeros rayos de sol de la primavera, que fluyen serenos y tranquilos hasta hacerse ríos y fecundarlo todo hasta el mar. Quisiera acariciar tu cuerpo lo mismo que al soplar los pétalos de una flor se vuelven voladores y juguetones con el aire, llenos de sensualidad y ritmo.

Me gustaría estar dentro de ti para poder sentir tu abrazo con tanta fuerza que no nos separasemos nunca de lo horizontal y vertical creando nuestra propia dimensión, aquello por lo que luchar en nombre del amor se forjase como un planeta.

Me gustaría ser tus latidos para afrontar con el paso de los años todos esos momentos maravillosos que se logran al envejecer juntos, sin el reproche de no haber coincidido nunca, sin lamentaciones por las ocasiones perdidas, por no haber vivido el presente, por no elegir el futuro.

Siempre tuyo.

Presión.

Descompresión del alma en un millón de partes, latigazo inmoral a la palabrería charlatana de una pescadería matutina, cotilleo.
La vida es un flujo hipócrita con un ego insospechado.
Tus manos son suaves como el viento, tus caricias, son frases llenas de verdades.
Cotilleo.
Principio irrefutable de la condición humana.
Presión, no va más.

Sólo sé que no sé nada

Quisiera hablar de ti

pero no tengo palabras,

quizás los silencios lo dicen todo

cuando te quiero con locura.

Y aunque no lo quiera decir

por poner palabras en tu boca,

me sale mil y una vez

lo que te haría a solas.

Pero puedo decirte sin saber nada

que lo único que sé ciertamente,

es que si me faltas un sólo día

para mi lo bueno no existiría.

A pesar de mis suspiros

y de calarme en tus ojos claros,

me gustaría en estos momentos

hacerte el amor eternamente.